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Las relaciones son como un juego de ping-pong. Cuando el otro lado acelera, aceleras o ralentizas la pelota. Este ritmo mutuo continúa sin parar, hasta que uno de los dos bandos abandona el juego. En la comunicación entre padres e hijos, suele ser el padre quien abandona el juego. Asà deberÃa ser, pero lo que falla muchas veces es dejar el juego sin ralentizar. La desaceleración del ritmo se logra mediante una comunicación saludable con el niño. El niño que se siente realmente comprendido se entrega al padre y conoce sus lÃmites.
Dar al niño la libertad de expresarse en el entorno familiar, pedirle su opinión en las decisiones que atañen a la familia y enumerar las Las opciones son importantes y la determinación es igualmente importante. Es la familia la que determina el ritmo del ping pong que se juega con el niño, quien sabe qué hacer y dónde no hacer. Mientras el padre siente fatiga de conciencia ante muchas situaciones a lo largo del dÃa, el niño puede dirigir toda su energÃa a sus deseos y acelerar el juego sin parar. Mientras el conflicto avanza hacia lo inevitable, darse por vencido y posponer las cosas comienza a convertirse en la rutina de los padres. La madre y el padre pueden volverse inconsistentes en sus respuestas hacia el niño dependiendo de los cambios diarios de energÃa. El niño que se da cuenta comienza a cambiar las reglas del juego, pero lo que quiere es que lo obliguen.
En las condiciones actuales, es muy sencillo para los padres acceder a datos sobre el desarrollo infantil. Estamos en una época donde existen decenas de libros, artÃculos, psicólogos, pedagogos, psiquiatras y consejeros, e internet nos facilita el acceso a todo tipo de información sobre los niños. Irónicamente, estamos en un perÃodo en el que se vuelve cada vez más difÃcil ser padre eficaz, ser guÃa, ser competente y sentir que no se pierde ningún paso. Sin embargo, el comportamiento arquetÃpico de los padres reside en la esencia: la voz interior es mucho más importante que todo lo que se escribe o se dice. En esencia, la psicologÃa comienza evaluando a cada individuo como una entidad única. Categorizar comportamientos, diagnósticos y criterios es sólo para facilitar el trabajo. Cada padre y cada niño es especial. Las relaciones son especiales. b al flujo Cuando se suelta al niño, la madre y el padre saben cuándo dormir con el niño y cuándo no, cuándo decir que no, cuándo poner reglas, en qué situaciones se utiliza el niño, qué llanto es sincero y cuál no. A medida que la gestión del tiempo se vuelve más difÃcil y el tiempo que se pasa con el niño disminuye, el aprendizaje por experiencia ha sido inevitablemente reemplazado por una rápida carrera hacia el conocimiento. Si bien el conocimiento actual se centra en la libertad del niño, ha comenzado a distanciar a los padres de sus propios roles.
El niño que asume el papel de padre y traza sus propios lÃmites pierde el rumbo.
- La regla del juego, que se acepta en todas las circunstancias. La tensión del niño que se autodetermina aumenta dÃa a dÃa.
- Sus expectativas se vuelven irreales.
- Sus deseos dejan de especializarse según sus preferencias, el niño empieza a no saber qué quiere ni cuándo y por qué, espera que sus deseos se cumplan al instante y empieza a tener dificultades.
- A menudo tiene dificultades para tomar decisiones.
- Se siente inadecuado acerca de lo que puede hacer y espera constantemente que los demás le sirvan.
- Sabe cuál de sus padres actuará en consecuencia. a sus reglas en el ambiente hogareño y prefiere continuar su comunicación con él. A menudo reduce su respeto por esa persona.
- Los niños, que adoptan sus propias pautas con respecto a las reglas en el hogar, experimentan una intensa decepción cuando se enfrentan a las reglas en un entorno social, por ejemplo en la escuela, que es la razón más obvia de la desgana escolar.
- Consumen su energÃa trabajando muy duro para atraer la atención de todos los que los rodean.
- Sus deseos comienzan a tomar la forma de órdenes. Si bien esta situación los hace volverse egoÃstas, obstaculiza el desarrollo de su empatÃa.
- Desarrollan una personalidad rebelde y ansiosa.
Criar a un niño controlado por sus padres no deberÃa significar conseguir una bicicleta infantil controlada por los padres. Mientras tomas de la mano a los niños que suben solos las escaleras, cuando los interrumpes cuando pueden pedir su propia comida, mientras ahorras tiempo al atarse los zapatos, les ayudamos a saber lo que puede hacer. Sin embargo, es un hecho que cuanto más les ayudamos, más débiles son. Pero saber lo fina que es la lÃnea para conceder libertad y poner lÃmites es la mayor riqueza que podemos dar.
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